Conectadas, sí. Pero también más solas que nunca
Vivimos en una época donde podemos enviar un audio a alguien al otro lado del mundo, saber lo que ha desayunado una amiga o colgar una foto que vean cientos de personas con solo pulsar un botón. Y, sin embargo, muchas personas me cuentan que sienten un vacío, una especie de silencio por dentro. La soledad emocional, es esa que no se ve desde fuera, pero que pesa en el cuerpo, en los pensamientos y en las ganas de seguir el día.

¿Y si no es que falta gente, sino algo más profundo?
Nos hablamos por mensajes, pero a veces no nos escuchamos. Compartimos fotos, pero no siempre compartimos lo que sentimos. Tenemos redes sociales, pero no siempre tenemos vínculos reales. Desde fuera, puede parecer que no falta nada.
Pero por dentro, puede haber una sensación de no estar, de no importar, de que si un día desapareces, nadie lo nota. Y eso no tiene que ver con dramatizar, tiene que ver con la necesidad muy humana de sentirnos validados y queridos por los nuestros.

Por qué duele más de lo que parece
Muchas veces, aunque estés con gente, te sientes desconectada. Puede que te dé vergüenza hablar de lo que realmente te pasa, que pienses que estás molestando si compartes lo que sientes, que te notes cansada, aunque no hayas hecho nada exigente. Y esto no significa que seas débil, significa que estás cargando con algo que no se ve. Y sin apenas darte cuenta, estás intentando sostenerlo sola.
La soledad también se estudia
Un estudio difundido por la Universidad de Alicante en marzo de 2025 situó en el 29 % la soledad severa o muy severa en la provincia. Es un dato de ese estudio y de esa población; no describe a toda España ni demuestra por sí solo que las redes sociales causen soledad.
¿Y si no se trata de ti, sino de cómo estamos viviendo?
Vivimos deprisa, resolviendo, mostrando siempre la mejor versión, pero lo emocional no se lleva bien con esa velocidad, con ese automatismo. Lo emocional necesita cuerpo, espacio y alguien que escuche sin corregir. Por eso, más que “hacer más cosas”, lo que muchas personas necesitan es tener un lugar donde poder parar para saber cómo están.
Un espacio para dejar de fingir
En terapia, no hay que llegar con todo claro, no necesitas estar “bien” para poder empezar. Solo hace falta que tengas ganas de mirar hacia dentro y de no sostenerlo sola. En un proceso de psicoterapia integradora, el objetivo es acompañarte. Es caminar contigo en lo que estás sintiendo y ayudarte a descubrir qué necesitas para volver a sentirte conectada contigo… y con los demás.

¿Y ahora qué?
Quizás esta sensación no empezó ayer y sabemos que no desaparece con un par de mensajes bonitos, pero puede empezar a cambiar cuando te das permiso para no sostenerlo sola. Trabajo desde la psicología integradora, en formato online, para ayudarte a reconectar contigo, con lo que sientes… y con esos vínculos que se pueden sanar. Si sientes que este puede ser un buen momento para hablar de ello, puedes ponerte en contacto conmigo aquí.

